sábado, 23 de noviembre de 2013

Fracaso, avances, horizontes. Un balance de las elecciones y la candidatura de “Todos a La Moneda”




Fracaso, avances, horizontes.

Un balance de las elecciones y la candidatura de “Todos a La Moneda”


IvanVitta

Carla Amtmann

“Para no hacer de mi ícono pedazos,
para salvarme entre únicos e impares,
para cederme un lugar en su parnaso,
para darme un rinconcito en sus altares.

Me vienen a convidar a arrepentirme,
me vienen a convidar a que no pierda,
mi vienen a convidar a indefinirme,
me vienen a convidar a tanta mierda”
El Necio. Silvio Rodríguez



No hay nada más necesario tras un proceso como el recién vivido, que hacer un buen balance desde el punto de vista de quienes apoyamos la candidatura de Marcel Claude por el movimiento “Todos a La Moneda”, analizando los objetivos planteados y los resultados obtenidos.



Este escrito busca ser una contribución a ello.

                                      

Sin duda la evaluación está dominada por el resultado electoral. La baja votación obtenida por el candidato del movimiento Todos a La Moneda constituye objetivamente un fracaso ante la posibilidad de marcar un hecho político en esta contienda electoral presidencial, e instalar una alternativa desde la izquierda anticapitalista que efectivamente y más allá de lo testimonial, pudiera incidir en la agenda de un nuevo ciclo político.



Pero el fracaso requiere ser explicado, y junto con ello mirar lo que de este proceso también hemos ganado. Ni un poquito de autocomplacencia, ni análisis oportunistas o parcelados. Debemos tomar todo por partes, para volverlo a armar.  





El Fracaso



Cuando uno entra a la contienda electoral, la principal medición es el resultado en votos. Hay análisis en otros planos, necesarios e incluso determinantes para el futuro, pero lo primero y significativo es el resultado obtenido. Un partido se gana con goles, se hagan como se hagan. Aquí los votos cuentan, y con el 2,8% obtenido no ganamos la contienda ni tampoco alcanzamos la meta.



El desglose de datos así lo demuestra. Marcel sacó prácticamente lo mismo que le daba la primera encuesta CEP y menos que la lista de parlamentarios y de CORES de Todos a la Moneda.



La suma de los votos de Marcel con los de Roxana no nos dejan tampoco dentro del piso de la izquierda extraparlamentaria –antes de los lamentables pactos y acuerdos del Partido Comunista con la Concertación–, que se mantuvo entre un 5% y 6% en las últimas dos elecciones. Por otro lado, creemos que sumar, sin más, las votaciones de Sfeir y MEO, es un ejercicio aritmético que no se condice con las distancias políticas existentes con sus proyectos, que si bien plantean algunas críticas que compartimos al capitalismo neoliberal, no representan una ruptura radical contra dicho modelo.



Marcel Claude obtuvo un 2,80% de los votos; en senadores, la lista de Todos a La Moneda alcanzó un 3,47%; en diputados se alcanzó un 3,36%; finalmente, en cores se logró llegar al 4,51%. Aunque históricamente la izquierda ha obtenido menores votaciones en lo presidencial que en representantes de orden más local, podemos afirmar, de acuerdo a los resultados parlamentarios y de cores, que la candidatura presidencial no alcanzó a expresar todo su potencial electoral.

                                           

Pero los fracasos no solo están en esta candidatura, pese a que hoy nuestros ojos están puestos en aquello. La bajísima votación obtenida por Roxana también es un golpe para una propuesta popular que terminó condenada a lo testimonial, y si incluso miramos hacia el otro lado de la vereda, con la abstención como protagonista, ni Bachelet podría estar festejando; con menos votos absolutos que los obtenidos por ella misma en las elecciones el año 2005, se muestra que el supuesto impulso y fuerza de una nueva mayoría con la que viene a gobernar, no es tal.



Pero volvamos a mirarnos a nosotros: el fracaso electoral es claro. Lo que importa son las causas.





Las causas del fracaso



Los resultados estuvieron bajo las expectativas. No somos de los que obnubilados por el fenómeno de activación político-social que generó la candidatura, o el “ímpetu” de las redes sociales, creyeron que era posible llegar a los dos dígitos o incluso pasar a segunda vuelta. Pero sí nos vimos muy sorprendidos por los resultados, pues el 2,8% obtenido estuvo muy bajo respecto de un 5% que estimábamos como el piso de votación para hablar de una instalación política exitosa.



Este golpe recibido impone una primera y central pregunta ¿Por qué?



Partamos primero por cuáles creemos que NO son las respuestas.



En primer lugar, descartamos las respuestas fáciles que culpan al empedrado. Siempre los medios de comunicación de masas buscarán invisibilizarnos, siempre estaremos carentes de recursos y de tiempo. Éstas son dificultades no condenas, tal como lo muestran otros procesos políticos del continente que han podido avanzar en circunstancias igualmente adversas.



Creemos que son muy pobres también las explicaciones que culpan a la “juventud” de no ir a votar. La idea de que “los cabros no se levantaron” como explicación central, supone que el comportamiento electoral de determinados grupos debe adecuarse a las expectativas que nos hicimos de ellos, en lugar de considerarlos como objetivo de trabajo político electoral destinado a convencerlos de nuestro proyecto, sabiendo además que no podemos analizar las supuestas opciones políticas en función de parcelas etarias.



No compartimos tampoco los análisis simplistas y estereotipados que culpan del fracaso al comando o grupos dentro de él, o las debilidades del candidato. Si bien existieron objetivamente situaciones y estructuras que en nada operaron como requería la campaña, incluyendo errores del propio candidato, estas explicaciones no permiten determinar los factores políticos del fracaso y más bien procuran deslindar responsabilidades y reemplazar a un grupo de iluminados por otro, con el que supuestamente sí hubiéramos podido llegar al éxito. Es una historia y un patrón explicativo –el del grupo malvado que frustra un movimiento condenado al éxito– demasiado manido en el movimiento revolucionario como para ser tomado en serio.



Llegados a este punto, también queremos descartar la idea del “desplome” de la candidatura de Marcel Claude, pues aquí es donde creemos empiezan los errores y falencias que explican el resultado. No hay ningún antecedente serio que permita sostener la tesis de que Claude estuvo marcando seis o siete puntos, o cifras cercanas a los dos dígitos, y que en algún momento del tiempo la candidatura simplemente “se derrumbó”.



Si analizamos las encuestas, que a fin de cuentas no estaban tan erradas como se sostuvo en su momento, podemos afirmar que la candidatura de Claude nunca llegó a sobrepasar el 5% de aprobación. Si es que hay una caída, ella fue leve, quizás del 3,5% al 2,8% final, pero no más que eso. La encuesta IPSOS, que en algún momento le llegó a dar un 7% de aprobación, resultó muy lejos de los resultados finales (a Roxana Miranda por ejemplo, le asignó casi tres veces más que lo obtenido). La encuesta UDD-La Segunda, una de las que resultó más acertada en los resultados finales, nunca le dio a Claude más de un 3%.



Las causas del fracaso hay que buscarlas entonces, en factores colectivos de las fuerzas que apoyaron y levantaron la candidatura de Todos a La Moneda y sus relaciones con las fuerzas sociales que buscaba representar. Es dentro de este contexto, y no dentro de parcelas de análisis, donde hay que ubicar los factores individuales y de organización del comando central, la mesa política y todos comandos que trabajaron de Norte a Sur por la candidatura.



Es así que para nosotros hay tres ámbitos claves para explicarnos el fracaso electoral:



1)      Un análisis político  deficiente

No leímos la realidad en clave electoral y supusimos que el gran activismo político-social de la campaña, -un hecho objetivo comprobable en la enorme movilización electoral de adherentes y uno de los activos más importantes sobre los que se basó la candidatura-, se expresaría directamente en adhesión electoral en las urnas.



Se pensó que se contaba con un piso de votantes, alrededor de un 5%, que ya estaba asegurado y que a partir de allí la campaña debía ampliarse para llegar a otros sectores, en busca de los míticos dos dígitos, cuando en realidad ese piso no existía aún y conquistarlo debió haber sido uno de los objetivos principales.  



Como dijimos antes, esta candidatura no cayó en picada, sino que nunca llegó a estar en la altura que se supuso.



De aquí pueden derivarse múltiples errores de despliegue y énfasis comunicacionales, que terminaron teniendo una candidatura con poca claridad hacia los votantes de su perfil y enraizamiento social.



En definitiva no primó un análisis electoral certero, limitando la posibilidad de saltar del activo político social aglutinado a una expresión electoral contundente.



¿Razones de la falta de este análisis? Múltiples, pero por sobretodo carencia de capacidades individuales y colectivas, como falta de espacios eficientes para su desarrollo. Todas ellas las podemos remitir, a su vez, a la falta de un vasto enraizamiento social que predominó en las fuerzas integrantes del movimiento Todos a La Moneda.



2)       Incapacidades Organizativas

Una de las grandes fortalezas de esta candidatura fueron los comandos locales. Las voluntades conjugadas y entregadas a un objetivo común, sin ninguna retribución a cambio más que la certeza que estamos construyendo un nuevo camino de profundas transformaciones,  llegaron a ser el corazón de Todos a la Moneda y de las candidaturas. Hombres y mujeres, de diversas edades, de grandes ciudades y localidades pequeñas, que se levantaron sin orientaciones más que una voluntad irrestricta por difundir esta alternativa.



Pero pese a este corazón voluntario que bombeó fuerte, la sangre no logró fluir.



Fueron las incapacidades organizativas como movimiento las que no permitieron dar mejor cauce a la fuerza de los voluntarios: carencia de una columna electoral fuerte, insuficiente número de voluntarios para equipos centrales, una red de comunicaciones y propaganda débil.



No se logró coordinar correctamente las labores de la mesa política y del comando, lo que hizo que la campaña careciera en la práctica de una cabeza política definida que pudiera proveer de insumos al candidato. Por ejemplo, jamás hubo una discusión sobre campañas como “Marca tu Voto”, que permitieran generar una orientación política, por lo que muchos temas fueron finalmente improvisados y resueltos por el candidato, generando, como en este caso, señales políticas erráticas, a contrapelo del sentido común que imperaba en la izquierda.



En este fenómeno se expresó la existencia de dos visiones políticas contrapuestas sobre la campaña, que en líneas gruesas podemos expresar como “un movimiento para impulsar la campaña” o “una campaña para impulsar el movimiento”.



Estas importantes carencias organizativas impidieron finalmente darle impulso a la campaña presidencial y realizar plenamente el potencial político electoral de la candidatura, abordando las tareas centrales que se desprendían de los datos político-electorales, como por ejemplo ser capaces de trabajar para enfrentar el 50% de desconocimiento del candidato, que  a la luz de los resultados, era claramente una de las principales tareas.



3)      El fenómeno electoral que no fue

Nuestro candidato se constituyó en un fenómeno para el activo político-social de izquierda, huérfano en el cuadro general de fuerzas políticas nacionales, pero no para la gran masa de los votantes.



La simbiosis entre un activo político-social entusiasmado y el candidato fue retroalimentándose, generando un discurso exitista que fuera del movimiento fue leído como mesianismo.



En una campaña, el rol del candidato siempre es clave para inyectar fuerza y optimismo a los sectores que lo apoyan. Como recurso comunicacional, el discurso de “pasar a la segunda vuelta” era legítimo, pues ninguna candidatura puede limitarse a ser un eco de las encuestas, aunque le asignen un bajo resultado. Pero nadie tuvo la capacidad ni para tomar distancia de este recurso ni para ajustar la estrategia a la realidad político electoral fuera del círculo de los adherentes entusiastas.



Para superar todas las carencias con las que ya sabíamos que cargábamos, se necesitaba generar un fenómeno electoral que no fue.



Terminamos la contienda electoral con una medición que es reflejo de la propia fuerza real que se logró desplegar e impulsar en ciertos sectores, y no así el impulso de una candidatura su generi que podría superar las deficiencias objetivas que aun como izquierda no se logran enfrentar.



La decisión de apoyar a Marcel Claude fue correcta, pues se reveló como la candidatura que más cerca estuvo del piso de un 5% que estimamos el mínimo para hablar de una alternativa instalada en forma exitosa. Si hablamos de fracaso, es precisamente porque dicha candidatura permitía plantearse ese objetivo. Nuestra apuesta no fue el folklore político ni hacer antropología de la pobreza, -opciones por ciertas legítimas-, sino marcar un hecho político a nivel nacional con efectiva proyección de gobierno. Fue el resultado el que constituyó un fracaso, no el haber hecho la apuesta.





Los avances



Pese a que no logramos cumplir el objetivo central de instalar una alternativa política relevante a nivel nacional, logramos avances sustantivos en la construcción de fuerza política y social.



La campaña nos deja con un activo político social coordinado, que hasta comienzos del 2013 no existía, articulado y con claros ejes programáticos.



Logramos construir un alto nivel de confianza política entre fuerzas con niveles significativos de inserción social en el mundo sindical, territorial y estudiantil que estuvimos en la campaña. Ésta es una base política que debe proyectarse en función de superar la dispersión y fragmentación endémica que sufre la izquierda, pues entendemos que la unidad no será fruto de esfuerzos de buena voluntad ni de la elección correcta del momento político, sino de la existencia de fuerzas con inserción político-social real para las cuales la unidad se constituya en necesidad objetiva para avanzar.



El voto de Marcel Claude es un voto activo. Las grandes movilizaciones electorales generadas –marcha al SERVEL para la inscripción, acto del Caupolicán, acto de cierre de campaña– así como el esfuerzo sostenido durante los nueves meses de la campaña,  nos muestran a miles de voluntarios trabajando con esfuerzo y entrega por transformar Chile. Más allá del fracaso electoral, son miles de voluntades que siguen dispuestas para la lucha, y que hoy tienen como prioridad la organización e inserción social.



Hitos dentro de estos avances en organización e inserción de masas lo constituyeron candidaturas de organizaciones políticas y sociales que obtuvieron cifras de respaldo muy interesantes en términos de proyección política, y también muy por sobre la media obtenida dentro del Movimiento Todos a la Moneda, y que junto con ello reflejan una votación con compromiso activo, y por tanto con voluntad de apertura e involucramiento en procesos de articulación y lucha para los próximos años.



Algunos de los ejemplos a destacar son el de Sebastián Farfán, secretario general de la UNE y ex dirigente estudiantil del año 2011, quien obtuvo 7.301 votos y un 6,3% en el distrito 13, Valparaíso, Juan Fernández e Isla de Pascua en su candidatura a diputado. También la candidatura a diputado de Luis Soto, gran dirigente de Modatima y férreo defensor del agua, igualmente de la región de Valparaíso, quien en el distrito 10 obtuvo el 5,85% de las preferencias con 7.126 votos.  Doris González, candidata a core y dirigente del Movimiento de Pobladores Ukamau, alcanzó 6.480 votos en la circunscripción provincial Santiago III (Estación Central, Cerrillos, Maipú); la lista llegó a 18.899 votos, con un 8.14% de votación; en su comuna, Estación Central, Doris logró 2.427 votos, frente a 930 obtenido en octubre de 2012 como candidata a concejal. Viviana Abud, secretaria general del sindicato SITECO de trabajadores subcontratistas de El Teniente, de Rancagua, como candidata a core llegó a 3.376 votos y un 4,28%, dentro de la lista que obtuvo 7.477 votos y un 9,48%. En la provincia Cordillera (Puente Alto, San José de Maipo y Pirque), Julio Oliva, de los Comités Comunistas, postuló a core y llegó a 3.047 votos, un 2,13%, y la lista llegó a 8.514 votos y 5,97%. Finalmente, en la Circunscripción Senatorial de Coquimbo, Luis Vega, candidato a senador del MPMR, logró 15.585 votos y un 6,48%.



Estos son algunos ejemplos –hay otros a nivel nacional dentro del TALM y candidaturas muy cercanas a éste, como la de Víctor Hugo Bahamonde en Chiloé, que se posicionó a nivel territorial como un importante liderazgo con un 5,84%- de candidaturas que efectivamente impulsaban una unidad de la lucha social con la lucha política, y en ello aportaron por terminar con esa supuesta distancia entre ambas, logrando ser así parte de las candidaturas con mejores resultados comparativos dentro del Todos a la Moneda, y por sobretodo con una importante proyección político social y electoral a futuro.



Resultados en este plano, y por sobretodo los ejes programáticos y de lucha que se proyectan, constituyen un salto hacia adelante en términos de construcción de fuerza política e inserción social de izquierda. Es un activo político sobre el que queremos seguir construyendo, convencidos de que la organización real es la única base segura para futuros avances. Somos fuerzas que superando la fragmentación, buscamos irrumpir en el escenario nacional, y hemos dado hoy un paso significativo en dicho cometido que tendrá mucha más historia que estos breves meses.



Por ello no dudamos ni un ápice en afirmar que si bien tenemos un escenario desventajoso de injerencia nacional desde una alternativa política dentro de estos años, tenemos avances sumamente significativos que sin este trayecto no habríamos alcanzado y que nos permiten proyectar un proceso de suma  relevancia nacional para la construcción política de una fuerza anticapitalista para Chile.





Los horizontes



No podemos pensar en ningún caso, que nuestros horizontes políticos estarán ajenos a lo que a nivel nacional se fragüeen estos próximos cuatro años de gobierno. El cambio de eje gravitante dentro de la Concertación, los golpes electorales recibidos por la Democracia Cristiana, la profunda crisis de la derecha política y la llegada al parlamento de jóvenes que han sido relevantes a nivel nacional debido a su protagonismo en el movimiento estudiantil –Boric, Jackson y Vallejos- son claras señales del cambio de ciclo político que se comienza configurar desde el año 2011 y del que tanto se ha escrito.



Faltan aun cosas por resolverse dentro de estas semanas y meses para lograr tener un análisis certero de la configuración del próximo gobierno, y por tanto aspectos más precisos serán obviamente tomados en otras hojas aún por escribir.



Sabemos que será necesario un análisis más fino, más allá de las generalidades y trazos gruesos con que se ha caracterizado desde la izquierda anticapitalista al bacheletismo. Es preciso caracterizar en forma detallada cuáles serán las vías por las cuáles la Nueva Mayoría buscará cooptar y desmovilizar a los movimientos sociales, qué están dispuestos a transar los grandes empresarios y el capital transnacional para comprar nuevamente paz social, cuáles serán los ejes discursivos, y con qué políticas concretas se implementarán las líneas generales.



Pero pese a ello hoy debemos preguntarnos, ¿Cuáles son los aspectos centrales que debemos impulsar como fuerzas anticapitalistas que hoy no tenemos presencia ni en el parlamento ni obviamente menos en el gobierno? ¿Cuál es nuestro rol y nuestro aporte en la lucha político social que hemos de impulsar para cambiar Chile?



No hay confianza ni expectativa alguna en el rol del gobierno de Michel Bachelet para configurar los cambios profundos en Chile. Al neoliberalismo no lo venceremos sin un pueblo organizado, consciente y movilizado, ni tampoco sin una fuerza política que sea capaz de impulsar un programa verdaderamente transformador. De Bachelet y el “progresismo” concertacionista podemos esperar, paralelamente a las migajas que pródigamente dispensará para cooptar y desmovilizar el movimiento social, centenares de obstáculos para que dicha fuerza efectivamente surja y se consolide.



Nuestro deber es entonces crear e impulsar dicha fuerza.



Por ello será clave la unidad que se logre desplegar a nivel político social y en las luchas sectoriales. Que podamos contribuir efectivamente a ese impulso multisectorial que tiene la llave para poner los temas relevantes como agenda nacional, y luchar por ellos conquistando a cada vez más adherentes por las grandes transformaciones. En este impulso hemos de confluir con todos quienes tienen este mismo horizonte. No podemos caer ni en mesianismos ni en sectarismos estériles, sobre todo en estos próximos año, donde lo que necesitamos es unidad en las calles, y alcanzar esa masividad y fuerza de años anterior. Sin eso solo estaremos poniendo en la bandeja de la cooptación, y por tanto en manos de los vaivenes del gobierno, a un movimiento débil e incapaz de mantener su propia agenda.



Debemos a su vez enraizar los ejes programáticos que entre tantas voluntades y esfuerzos se han podido construir durante largas y arduas luchas. Enraizarlos en sectores que lo defiendan, en posibilidades políticas y técnicas que lo sostengan y por su puesto también, enraizarlo en el corazón y mente del pueblo chileno como voluntad y posibilidad real de cambio. Con ese programa combatiremos todas los entreguismos del próximo gobierno cuando el gran empresariado venga a presentarle la factura de pago a todas las regalías entregadas. Con ese programa se medirán las labores de los parlamentarios y sus cercanías con la demandas populares, y por sobretodo con ese programa se construirá la columna vertebrar de la nueva fuerza anticapitalista que tenemos que lograr construir.



Debemos robustecernos, tener cada vez más herramientas para enfrentar las siguientes contiendas, que en ningún caso son sólo electorales. Por ello no podemos creer que hoy la tarea se reduce a la mera construcción partidaria de una fuerza electoral. Ella sólo puede ser producto de un esfuerzo mancomunado de lucha social. Nuestras debilidades durante estas elecciones no fueron solo por falta de instrumento electoral, sino que por sobretodo fue por falta de instrumento político. Y como nosotros construimos para subvertir la realidad, nuestros instrumentos no se basan ni en dinero, ni en triquiñuelas legales o solo en algún liderazgo, sino que se ha de basar por sobretodo en un pueblo organizado, consciente y movilizado.



De ahí venimos, ahí siempre hemos estado y desde ahí nacerá todo lo que tengamos que levantar para seguir avanzando. Por ello la preocupación central que debiéramos tener desde los comunales existentes y desde las fuerzas que levantaron este proyecto, es el enraizamiento social y programático. Ahí estará nuestra segunda y gran medición, en la cual ya no podemos dejar espacio alguno para fracasos.   



Podemos parecer necios hoy, pero las condiciones que han mostrado a un Chile descontento, aguerrido y movilizado, tienen raíces tan profundas que solo podrán ser resueltas con cambios de igual magnitud. Por eso es revolución o nada, y hoy lo que parece anécdota, mañana hará historia.




sábado, 9 de noviembre de 2013

¿Por qué Marcel?




Faltan menos de diez días para las elecciones presidenciales y la candidatura de Marcel Claude se ha instalado como un fenómeno político de masas dentro de la izquierda chilena.


Por ello, tras los debates, el despliegue de las candidaturas y los diversos acontecimientos de estas últimas semanas, cabe preguntarse una vez más ¿Por qué Marcel?



Una primera consideración es que Marcel no es la única candidatura antineoliberal e incluso anticapitalista. También se presentan Alfredo Sfeir por el Partido Ecologista Verde y Roxana Miranda por el Partido Igualdad. Las coincidencias programáticas con ambas son claras, especialmente con la de Roxana, con cuyo partido se sostuvieron conversaciones hasta junio de este año para concordar un mecanismo para definir un abanderado presidencial común, que lamentablemente no prosperaron por múltiples incapacidades de las fuerzas involucradas.


Las candidaturas de Alfredo Sfeir y Roxana Miranda han significado valiosas contribuciones   para el debate político.  Sfeir, que viene del mundo ecologista, ha desplegado su competencia como economista y su compromiso con el medioambientalismo. Roxana, que durante el gobierno de Ricardo Lagos fue dirigente de importantes luchas de los deudores habitacionales, se ha plantado con dignidad en la competencia presidencial, buscando mostrar el rostro de los más excluidos.


Entonces, ¿Por qué estas candidaturas no han tenido el mismo despliegue y apoyo que Marcel Claude y aparecen en el fondo de la tabla en la mayoría de las encuestas, marcando mínimos junto a Ricardo Israel y Tomás Jocelyn-Holt? Pensamos que ello es el resultado de las limitaciones políticas de sus respectivos proyectos.


En el caso de Alfredo Sfeir, está demasiado restringido al nicho ambientalista y, además, desde una óptica que no ha facilitado su relación con los principales conflictos ambientales que se han dado en el último tiempo, relacionados casi siempre en forma estrecha con las desigualdades sociales, con las luchas  de masa, y los despliegues territoriales de esos conflictos ligados a múltiples otras problemáticas. Es un gran teórico, un gran hombre y aporte a dichas luchas, pero no ha sido parte de éstas en las últimas décadas en el país, y por tanto no es producto de este impulso social de los últimos años.


Roxana Miranda en cambio se ha presentado llena de una fuerza que efectivamente ha logrado posicionarse y sorprender a muchos que desde sus hogares han seguido las elecciones.  Pero el impacto, empatía y sensibilidad que ha generado, no se traduce en adhesión electoral, principalmente porque se trata de una campaña enfocada en la denuncia, en el “grito de la criatura herida”, en mostrar a los pobres más como objetos de injusticias que como sujetos de transformación social; ello se expresó en los debates, donde se mostró más como dirigente vecinal emplazando a los otros ocho candidatos que como la novena candidata presidencial. Al “exigir” y “denunciar” no ha podido sumarle también un “proponer”, problema profundizado con la opción del Partido  Igualdad por representar al 1% más pobre, en lugar de sumar fuerzas para combatir al 1% más rico.


Valoramos y nos sentimos partes de esas denuncias y demandas, que hemos también levantado permanentemente con firmeza desde todos los frentes. Pero estamos conscientes también que en esta elección, marcada por el giro de la conciencia social provocada por las grandes movilizaciones del 2011, ya no basta con la denuncia ni con el autoacotarse en nichos políticos y sociales estrechos. Las luchas político-sociales demandan la capacidad de convocar a una alianza amplia que unifique a todos los sectores explotados y oprimidos por el capitalismo neoliberal y permita construir una alternativa al duopolio Alianza-Concertación/Nueva Mayoría.


El éxito de Marcel Claude  -relativo, no lo olvidemos, dentro de los parámetros de fragmentación y dispersión que sufre la izquierda- ha consistido precisamente en su capacidad de convocar en torno de sí a un amplio arco de sectores políticos y sociales en lucha, en especial aquéllos que han sostenido los principales combates contra el capitalismo neoliberal en los últimos años.


El Movimiento Todos a La Moneda (TALM), nacido al calor de la campaña de Marcel, ha sumado a decenas de organizaciones políticas y sociales y a miles de voluntarios a lo largo de todo el país, que han conformado comandos que cubren prácticamente la totalidad del territorio nacional. Esta convocatoria se ha expresado la movilización de miles de personas tanto en la inscripción de la candidatura como en el memorable “Caupolicanazo”.


La de Marcel es la candidatura que convoca a más organizaciones del pueblo en lucha. Organizaciones sindicales como el SITECO y organizaciones estudiantiles como la UNE, protagonistas de grandes luchas político sociales, como las de los subcontratistas de CODELCO en 2006 y 2008 y las grandes movilizaciones estudiantiles del 2011 y convocantes a la jornada de protesta del pasado 26 de Junio. Otro caso ejemplar de esta convocatoria es la adhesión del Sindicato Interempresa de Trabajadoras Inmigrantes de Casa Particular, la única organización de “nanas” que ha adherido a una candidatura presidencial.


La gran ventaja política de la candidatura de Marcel es, por lo tanto, su capacidad de unir las demandas democráticas más avanzadas del movimiento social con una convocatoria amplia tras esta plataforma programática. Ésta es la cuestión decisiva: unir la fuerza social con el programa.



Es por esa convocatoria que a través de esta candidatura se ha podido desplegar una crítica profunda al capitalismo, una denuncia aguda a los conflictos sociales. Pero también y por sobre todo, es la manifestación seria de un programa de gobierno a través del cual demostramos que se está levantando una izquierda con capacidad real de transformar el país.


Por eso Marcel. Por eso debiéramos todos estar con Marcel hoy, sabiendo que a través de esta candidatura podemos marcar un hecho político con la votación, instalando un programa común a muchos más allá de esta candidatura, en la agenda política de las amplias mayorías populares.


Ciertamente, el trabajo no termina el día 17 de Noviembre. Más bien, allí recién comienza. Instalar un programa tiene sentido solamente si a contar del día 18 somos capaces de sumar a más y más personas dispuestas a salir a las calles a exigir que ese programa se haga realidad, incorporando también a los que han adherido a estas otras candidaturas y a los que han optado por la abstención.


La tarea, como dice Marcel, es refundar Chile. Para nosotros, como fuerzas anticapitalistas, será proyectar la convocatoria en lucha y las demandas democráticas en organización popular, en primer lugar de los trabajadores, empujando esa refundación en la dirección de trascender el horizonte histórico estrecho del capitalismo.


Porque levantamos plataforma de lucha, pero también alternativa. Por eso Marcel. 



Iván Vitta

Convergencia Anticapitalista

Miembro Mesa Política Todos a La Moneda



lunes, 26 de agosto de 2013

Cademártori: el retorno del vacío histórico


Hace pocos días, José Cademártori, el conocido economista del PC y ex ministro de economía del gobierno de la UP, publicó un trabajo titulado "2013: fin de una Era, comienzo de otra" (1). Se trata de un vulgar panegírico destinado a alabar a la "Nueva Mayoría" -la nueva fachada de la Concertación- en el que, como corresponde a Cademártori, no se encuentra ninguna idea demasiado profunda, pero que sin embargo resulta ilustrativo de las posiciones políticas adoptadas por el PC en los últimos años.

El trabajo de Cademártori constituye una reivindicación del viejo frentepopulismo reformista del PC. Indica el regreso del llamado "vacío histórico" al PC, echando por la borda todos los análisis políticos que ese partido realizó a partir de 1977 y que culminaron, en 1980, con el lanzamiento de la Política de Rebelión Popular.

Cademártori comienza realizando un análisis de la Unidad Popular y las causas de su derrota. El punto de partida de dicho análisis es la caracterización de la Democracia Cristiana como un partido de "capas medias", ignorando deliberadamente el carácter burgués y pro imperialista de su dirección.

Este error en la caracterización del centro político, asimilado mecánicamente a "capas medias", es una característica central en la política del PC desde los años 30. Es un error de profundas consecuencias estratégicas, que ha significado tres derrotas históricas a dicho partido: la ilegalización en 1948 a manos de González Videla; el golpe de 1973; y la salida pactada a la dictadura en 1989, que significó el aislamiento del partido y su exclusión del juego político. En todas estas coyunturas decisivas, el centro político siguió los intereses de clase de sus direcciones burguesas, en lugar de seguir el noble pero fantasioso papel que el PC le tenía asignado.

No se puede acusar a Cademártori de ser un pensador riguroso, pues ni el adjetivo ni el sustantivo le calzan bien. En su análisis de la Unidad Popular y su derrota vuelve a la manida fórmula, expresada de forma más clara en 1975, de acusar de la derrota al "ultraizquierdismo" y al "infantilismo revolucionario".

A este argumento central de la explicación PC de la derrota de la UP en los primeros años tras el golpe, Cademártori agrega algunos primores de su jardín personal. En este punto, es preciso citarlo en forma más o menos extensa.

Dice Cademártori: "Hay quienes todavía afirman que el fracaso de Allende se debió a las divergencias políticas al interior del gobierno; señalan diferencias entre Allende y los partidos de la UP, y particularmente entre socialistas y comunistas. La historia política enseña que, especialmente en los procesos de cambio siempre se presentan desacuerdos y puntos de vista diversos en las coaliciones; son inevitables, juegan su papel negativo, pero no es lo decisivo. Lo importante es ver quiénes son los oponentes principales, cuál es el enfrentamiento principal y cómo se lo aborda. Fue Washington y su incondicional aliada en Chile la oligarquía o burguesía monopolista los que se impusieron por la violencia extrema, con el apoyo más o menos activo de capas medias, quienes derrotaron a las aún insuficientes fuerzas políticas democráticas del pueblo chileno, incluidos los militares constitucionalistas, víctimas de la deslealtad y las intrigas".

O sea, Cademártori considera que la causa de la derrota no pudieron ser las divergencias al interior de la UP, porque estas son normales en todo "proceso de cambio". La explicación, según él, está entonces en que Washington y su aliada, la oligarquía, se impusieron por la violencia extrema. O sea, Cademártori considera normales a todo "proceso de cambio" las divergencias al interior de las fuerzas que empujan el cambio y que, dado que son normales, no pueden ser la causa de la derrota. Como la oposición violenta de Washington y la oligarquía él las cataloga como la causa decisiva y como él mismo establece que la causa no puede ser algo que constituya un rasgo "normal" de los "procesos de cambio", la conclusión lógica es que Cademártori considera que la oposición violenta del imperialismo y sus aliados locales (que él reduce a la oligarquía) a los "procesos de cambio" es algo accidental, fortuito, que no es propio, por necesidad, de los procesos revolucionarios.

Con esa sola "reflexión" bastaría para mandar a Cademártori a un rincón con un capirote. Pero eso no es todo. Agrega Cademártori:

"En cuanto al contenido mismo de las divergencias dentro del campo popular, lo importante es ahora ver quien tenía la razón y quien estaba equivocado. La estrategia de Allende para avanzar al socialismo mediante profundas transformaciones democráticas, la soberanía económica sobre nuestros recursos nacionales y la dignificación material y espiritual de los trabajadores, en el marco de la Constitución, sin confrontaciones armadas, sin guerra civil, tenía toda la razón. Así es reconocido en todo el mundo. Los cambios, progresistas y estructurales, que se han producido por esta “vía allendista” en diversas naciones de América Latina han agrandado su figura y su pensamiento".

Es decir, para Cademártori la prueba decisiva de la estrategia allendista (y del PC) no fue su derrota a manos de los militares en 1973, sino el hecho de que cuatro décadas después, haya "procesos de cambio" que han seguido la "vía allendista" en diversas naciones. Aquí se puede ver qué señalados favores la expresión "proceso de cambio" le presta a Cademártori: le permite escribir burradas haciendo abstracción de las enormes diferencias entre los "procesos de cambios" de los años 60 y 70 y los de este siglo XXI; le permite despachar administrativamente las diferencias tanto en los objetivos como en la situación política y el estado de fuerzas de las clases entre uno y otro momento histórico.

Naturalmente, lo que ocurrió fue algo muy distinto. A partir de 1970, el conflicto de clases en Chile se agudizó y desbordó claramente la estrategia política del PC y del propio Allende. Ya habían existido antecedentes previos de ello, por ejemplo en las sublevaciones populares de abril de 1957.

Contrariamente a lo sostenido en la mitología PC, el triunfo de Allende no fue la coronación de un proceso ininterrumpido que iba desde los años 30 hasta 1970. La estrategia de los Frentes Populares fracasó irremisiblemente en 1948, con la Ley Maldita. La recuperación tras esta derrota fue posible por el ingreso de nuevos actores y fuerzas sociales (fundación de la CUT en 1953, aumento sustantivo del proletariado urbano por la migración campo-ciudad, nuevo protagonismo de los pobladores, etc.). Es la radicalización de estos nuevos actores y fuerzas, espoleada por los efectos del agotamiento del modelo de sustitución de importaciones, la que lleva al triunfo a Allende y la que se expresa políticamente en la radicalización de un ala del PS y el surgimiento de nuevas fuerzas como el MIR.

Ante este proceso de agudización de la lucha de clases, la actitud del PC, de intentar moderar las fuerzas en pugna, no tenía destino, porque del otro lado la burguesía también se radicalizaba y buscaba soluciones a la crisis del modelo. En ese contexto, la actitud de atenerse "a los compromisos programáticos contraídos", alabada por Cademártori, no era una muestra de responsabilidad sino de ceguera y cretinismo.

Tras el golpe, el PC intentó sostener esta explicación, pero tanto la profundidad de los cambios que estaba empezando a provocar la dictadura, como la brutal represión sobre el partido, comenzó a presionar por la búsqueda de nuevas explicaciones a la derrota. En la constitución de las respuestas fue decisivo el hecho de que la dirección reformista histórica se encontrara aislada en Moscú y el partido estuviera siendo dirigido en Chile por cuadros de una nueva camada, templada en la clandestinidad tras la caída sucesiva de dos direcciones completas.

En 1977 se empieza a producir el viraje y se introduce, en el Pleno del Comité Central del PC realizado ese año en Moscú, la tesis del "vacío histórico". No fueron las desviaciones de izquierda, sino las desviaciones de derecha, específicamente la "incomprensión del problema del poder", las que estuvieron en la base de la derrota de la UP. En un proceso revolucionario (no un etéreo "proceso de cambio") lo normal es que se debe enfrentar la oposición violenta del imperialismo y la clase dominante local y el partido debe hacerse cargo de ese problema para solucionar el "problema del poder".

Esa tesis sería el punto de partida para un vertiginoso e inédito proceso de radicalización del PC, que desembocaría en los "años de plomo" 1980-1986, bajo la "Política de Rebelión Popular".

El resto es historia conocida. En 1986 se interviene la Comisión Militar del PC y es destituido el mítico Salvador, jefe de los militantes comunistas que lucharon en Nicaragua, como segundo hombre; en 1987, ante el intento de desmantelar la dirección del FPMR, se produce la escisión; en paralelo, se inicia el retorno masivo al país de la vieja guardia reformista. En 1989, se impide al ala del FPMR que permaneció en el partido participar en el XV Congreso.

El "vacío histórico" comienza a retornar lentamente. El año 2008, Luis Corvalán lanza su libro "Los comunistas y la democracia", una especie de testamento político en el que sostiene que la derrota de la UP se debe a la falta de acuerdo con la DC. En Junio de ese mismo año, en el acto por el centenario del natalicio de Allende, Guillermo Teillier reafirma la idea, sosteniendo que la causa de la derrota fue la división de las "fuerzas democráticas".

La actual política del PC, expresada en las opiniones de José Cademártori, constituye por lo tanto un retorno del vacío histórico y la reivindicación plena de su viejo reformismo frentepopulista, con sus ilusiones sobre una burguesía "democrática, nacional y progresista".

Vista a la distancia, la Política de Rebelión Popular falló en dos aspectos cruciales: en primer lugar, falló en romper con el paradigma frentepopulista y sus ilusiones; en segundo, en imponer un liderazgo político acorde, que no se asustara en 1986 con la magnitud de las tareas políticas planteadas y no tuviera la necesidad de pedirle perdón a la oposición burguesa por la rebeldía de sus militantes.



I. Vitta


(1) José Cademártori, "2013: fin de una Era, comienzo de otra". http://www.rebelion.org/noticia.php?id=172219&titular=2013:-fin-de-una-era-comienzo-de-otra-