domingo, 31 de marzo de 2013
El lento declinar del zapatismo
Poco a poco la estrella una vez deslumbrante del zapatismo se ha ido apagando.
Emergido en lo más oscuro de la noche del capitalismo neoliberal como un destello de esperanza que movilizó a activistas de todo el mundo, la llegada del nuevo siglo le panteó un problema estratégico que no fue capaz de dirimir en forma positiva: fracasado el levantamiento armado de 1994, el zapatismo tenía ante sí el dilema de buscar una nueva estrategia política para resolver el problema de la lucha por el poder ante el Estado capitalista mexicano.
En lugar de ello, el zapatismo eligió darle la espalda al problema y, haciendo de la necesidad virtud, declaro su voluntad de no luchar por el poder político. Lanzó el año 2005 la iniciativa política de "La Otra Campaña", que tras algún revuelo e impacto positivo incial, fue diluyéndose poco a poco con el tiempo. Aislado en las comunidades indígenas rurales que son su base de apoyo, el zapatismo fue desapareciendo como un actor relevante de la política mexicana.
Su última movilización importante, la marcha del 21 de diciembre de 2012, en que miles de bases de apoyo zapatistas se movilizaron hacia cinco ciudades del Estado mexicano de Chiapas, fue nada más que un relámpago en día claro. La exigua declaración que emitió el zapatismo, más propia de un club de poesía que de una fuerza política, fue una muestra de la desorientación política en que se encuentra el movimiento.
En este falso curso hubo una sobrevaloración de las bases sociales del zapatismo y de su posibilidad de incidir en forma efectiva en la situación política mexicana. En 1910, alredor del 70% de la población mexicana era rural; un 17% era de origen indígena. Para el año 2005, la población rural había caído a un 23% y la población indígena a un 7%. El destino de una revolución en México para cuando emergió el zapatismo ya no tenía su centro de gravedad en el campo sino en las ciudades y las clases sociales urbanas subalternas.
El zapatismo entendió este problema, pero su solución resultó ser un paso en falso, pues buscó reproducir lógicas políticas que sólo tenían sentido en el espacio rural -por ejemplo los Caracoles- en las ciudades. Con ello, logró nuclear a su alrededor grupos de activistas urbanos, pero no pudo ir más allá y sumar movimientos sociales urbanos significativos.
Pero sin duda el mayor error del zapatismo fue el de abandonar la lucha por el poder, reemplazándola por un experimento autogestionario que tenía, en el mejor de los casos, posibilidades muy acotadas de desarrollo en el contexto del Estado capitalista.
Un movimiento puede darle la espalda al Estado capitalista, pero el Estado no se olvidará del movimiento y se hará presente por todos sus medios, ahogando siempre sus posibilidades de desarrollo autónomo. El capital, por su naturaleza misma, tiene horror del vacío y ocupa todos los espacios, instrumentando su aparato hegemónico-coercitivo para ello. En ese contexto, la autogestión siempre ocupará un espacio a lo sumo marginal, sin ninguna capacidad de volverse una alternativa social hegemónica que desplace al capitalismo y su Estado.
El zapatismo nunca buscó capitalizar su impacto político inicial levantando una alternativa político-electoral que disputara allí en los espacios reales y hegemónicos de la política. Se mantuvo siempre en los márgenes, aislado de las grandes masas urbanas que podrían haberle dado sustento a su proyecto. Su declinación es la prueba de que la política de "transformar el mundo sin tomar el poder" no pasa de ser una utopía piadosa y atractiva pero estéril.
jueves, 7 de marzo de 2013
¡Hasta siempre comandante Hugo Chávez Frías!
Es difícil sobreestimar la importancia
histórica del Comandante Hugo Chávez Frías (1954-2013). Su arribo al
gobierno de Venezuela el año 1999 inició un proceso cuyo impacto
subjetivo en la izquierda latinoamericana fue enorme, después de una
década, la de los 90, de derrotas y retrocesos.
La historia de Chávez no parte, por supuesto, en 1999. Chávez no se entiende sin el Caracazo de 1989 y el Caracazo no se entiende sin la entronización del puntofijismo en la vida política venezolana a partir de 1958. El Pacto de Punto Fijo fue el acuerdo político de las fuerzas burguesas y proimperialistas que sucedió a la dictadura del General Pérez Jiménez. El pacto excluyo al PC de Venezuela e instauró un régimen político bipartidista -formado por el COPEI, la DC venezolana, y AD, socialdemócrata- que otorgó gobernabilidad al imperialismo y a la burguesía venezolana, gobernabilidad que fue pagada con una creciente corrupción política.
En los años 60, se produjo un intento de desarrollar la lucha guerrillera contra el puntofijismo, comandado por Douglas Bravo, fundador del Partido de la Revolución Venezolana, que fue derrotado. Uno de los militantes del movimiento fue Adán Chávez, hermano de Hugo.
Durante los 70, el aumento de los precios del petróleo lubricó la máquina de corrupción COPEI-AD. Pero ya en los años 80 la economía empieza a hacer crisis. La burguesía gobernante busca salir de esa crisis mediante la receta estándar del FMI y el Banco Mundial, la aplicación de un paquete de ajustes que iba a golpear a la mayoría popular. Aplicado sin misericordia por el recién electo Carlos Andrés Pérez, el ajuste detonó la protesta popular en febrero de 1989.
El "Caracazo" fue un levantamiento espontáneo de cientos de miles de habitantes pobres urbanos, principalmente en Caracas, contra el plan de ajuste. La represión gubernamental fue salvaje: se calcula en hasta 3.500 los muertos por la acción de la policía y el ejército.
El "Caracazo" abrió una etapa de crisis orgánica del capitalismo venezolano que impactó en todas las fuerzas y sectores de la sociedad de Venezuela, incluyendo las Fuerzas Armadas. Ahí es cuando hace aparición pública por primera vez Hugo Chávez Frías, que en febrero de 1992 intenta llevar a cabo un golpe militar encabezando a un sector de militares antimperialistas contra el agotado régimen de corrupción venezolano.
Chávez fue encarcelado por la acción, pero contó con la simpatía creciente del pueblo por intentar derribar un régimen político corrupto, antinacional y antipopular. En 1994, Chávez, un líder cada vez más popular, fue sobreseído por el gobierno de Rafael Caldera. Desde allí en adelante, el Comandante Chávez inicia una exitosa campaña por toda Venezuela, convirtiéndose en el líder en que la mayoría deposita sus esparanzas, capitalizando el descontento contra la clase política binominal.
Su propuesta política exige refundar la República, acabando con el puntofijismo, por medio de una Asamblea Constituyente. La propuesta se expresa orgánicamente en un movimiento político: el Movimiento V República, MVR.
El 6 de diciembre de 1998, el MVR arrasa en las urnas y Hugo Chávez es electo presidente, asumiento en febrero de 1999. Ese mismo año se lanza el Proceso constituyente que inciaría la serie de transformaciones sociales y políticas que llamamos "Revolución Bolivariana". Pocos años después, Chávez llama a construir el "Socialismo del Siglo XXI".
La Revolución Bolivariana se transforma en un proceso popular. El acercamiento de Chávez a Cuba es la gota que revasa el vaso para la burguesía y el imperialismo, que intenta derrocar a Chávez el año 2002, con apoyo político de varios gobiernos títeres de EEUU, como el presidente chileno Ricardo Lagos, cuya canciller, Soledad Alvear, justifica el golpe.
El proceso venezolano ha tenido claros y también oscuros. Entre estos últimos, sin duda destaca la política de persecución emprendida hacia las FARC, en connivencia con el gobierno proimperialista de Colombia, que ha entregado a luchadores de las FARC a Colombia y mantiene a otros, como el cantante popular Julián Conrado, preso en Venezuela.
Una de las dimensiones más fecundas de la obra de Hugo Chávez fue indudablemente la internacional. El naufragio del ALCA como iniciativa imperial hacia América Latina fue liderado por Chávez, que con ese paso dio inicio a un proceso de integración regional que se ha venido expresando en distintos espacios e instituciones, desde el ALBA hasta la reciente CELAC.
Si bien el espacio político latinoamericano fue el escenario privilegiado de la política exterior antiimperialista de Chávez y la Revolución Bolivariana, no se quedó en los límites de América Latina. Apoyó con fuerza la lucha del pueblo palestino, rechazó las maniobras de aislamiento de EEUU contra Irán y denunció las agresiones imperialistas contra Libia y Siria, a contracorriente de una izquierda eurocéntrica y colonialista que insiste en llamarlas revoluciones.
El chavismo se levantó como movimiento político sobre la base de un gran descontento popular contra el puntofijismo, pero a la vez sin que existiera una organización independiente desde abajo que canalizara ese descontento. Esa situación ha caracterizado a Revolución Bolivariana como una revolución desde arriba con fuerte apoyo desde abajo. Es en esas circunstancias donde el liderazgo de Chávez asume sus características.
Chávez fue siempre conciente de esa situación y buscó permanentemente construir iniciativas políticas para transformar el apoyo desde abajo en organización popular y poder desde abajo. Su muerte lo sorprendió en medio de ese proceso de construcción popular.
El balance político que deja el Comandante Hugo Chávez es claramente positivo. Su liderazgo cambió la correlación de fuerzas en América Latina y dio un fuerte impulso a la izquierda y al anticapitalismo, que hasta su asunción en 1999 estaban en una situación fragmentada y a la defensiva. El socialismo, que en su gobierno tuvo más de consigna que de proyecto político, pero al que Chávez se empeñó en dar sustancia, ha vuelto a pronunciarse en voz alta y a marcar el debate político sobre el destino de nuestra América.
Chávez ha concluido su misión. Es ahora el tiempo de los trabajadores y los pueblos, que deben concluir la tarea que abrió el Comandante y avanzar al socialismo, enfrentando tanto a la reacción interna y externa como a los amigos "moderados" y claudicantes.
La historia de Chávez no parte, por supuesto, en 1999. Chávez no se entiende sin el Caracazo de 1989 y el Caracazo no se entiende sin la entronización del puntofijismo en la vida política venezolana a partir de 1958. El Pacto de Punto Fijo fue el acuerdo político de las fuerzas burguesas y proimperialistas que sucedió a la dictadura del General Pérez Jiménez. El pacto excluyo al PC de Venezuela e instauró un régimen político bipartidista -formado por el COPEI, la DC venezolana, y AD, socialdemócrata- que otorgó gobernabilidad al imperialismo y a la burguesía venezolana, gobernabilidad que fue pagada con una creciente corrupción política.
En los años 60, se produjo un intento de desarrollar la lucha guerrillera contra el puntofijismo, comandado por Douglas Bravo, fundador del Partido de la Revolución Venezolana, que fue derrotado. Uno de los militantes del movimiento fue Adán Chávez, hermano de Hugo.
Durante los 70, el aumento de los precios del petróleo lubricó la máquina de corrupción COPEI-AD. Pero ya en los años 80 la economía empieza a hacer crisis. La burguesía gobernante busca salir de esa crisis mediante la receta estándar del FMI y el Banco Mundial, la aplicación de un paquete de ajustes que iba a golpear a la mayoría popular. Aplicado sin misericordia por el recién electo Carlos Andrés Pérez, el ajuste detonó la protesta popular en febrero de 1989.
El "Caracazo" fue un levantamiento espontáneo de cientos de miles de habitantes pobres urbanos, principalmente en Caracas, contra el plan de ajuste. La represión gubernamental fue salvaje: se calcula en hasta 3.500 los muertos por la acción de la policía y el ejército.
El "Caracazo" abrió una etapa de crisis orgánica del capitalismo venezolano que impactó en todas las fuerzas y sectores de la sociedad de Venezuela, incluyendo las Fuerzas Armadas. Ahí es cuando hace aparición pública por primera vez Hugo Chávez Frías, que en febrero de 1992 intenta llevar a cabo un golpe militar encabezando a un sector de militares antimperialistas contra el agotado régimen de corrupción venezolano.
Chávez fue encarcelado por la acción, pero contó con la simpatía creciente del pueblo por intentar derribar un régimen político corrupto, antinacional y antipopular. En 1994, Chávez, un líder cada vez más popular, fue sobreseído por el gobierno de Rafael Caldera. Desde allí en adelante, el Comandante Chávez inicia una exitosa campaña por toda Venezuela, convirtiéndose en el líder en que la mayoría deposita sus esparanzas, capitalizando el descontento contra la clase política binominal.
Su propuesta política exige refundar la República, acabando con el puntofijismo, por medio de una Asamblea Constituyente. La propuesta se expresa orgánicamente en un movimiento político: el Movimiento V República, MVR.
El 6 de diciembre de 1998, el MVR arrasa en las urnas y Hugo Chávez es electo presidente, asumiento en febrero de 1999. Ese mismo año se lanza el Proceso constituyente que inciaría la serie de transformaciones sociales y políticas que llamamos "Revolución Bolivariana". Pocos años después, Chávez llama a construir el "Socialismo del Siglo XXI".
La Revolución Bolivariana se transforma en un proceso popular. El acercamiento de Chávez a Cuba es la gota que revasa el vaso para la burguesía y el imperialismo, que intenta derrocar a Chávez el año 2002, con apoyo político de varios gobiernos títeres de EEUU, como el presidente chileno Ricardo Lagos, cuya canciller, Soledad Alvear, justifica el golpe.
El proceso venezolano ha tenido claros y también oscuros. Entre estos últimos, sin duda destaca la política de persecución emprendida hacia las FARC, en connivencia con el gobierno proimperialista de Colombia, que ha entregado a luchadores de las FARC a Colombia y mantiene a otros, como el cantante popular Julián Conrado, preso en Venezuela.
Una de las dimensiones más fecundas de la obra de Hugo Chávez fue indudablemente la internacional. El naufragio del ALCA como iniciativa imperial hacia América Latina fue liderado por Chávez, que con ese paso dio inicio a un proceso de integración regional que se ha venido expresando en distintos espacios e instituciones, desde el ALBA hasta la reciente CELAC.
Si bien el espacio político latinoamericano fue el escenario privilegiado de la política exterior antiimperialista de Chávez y la Revolución Bolivariana, no se quedó en los límites de América Latina. Apoyó con fuerza la lucha del pueblo palestino, rechazó las maniobras de aislamiento de EEUU contra Irán y denunció las agresiones imperialistas contra Libia y Siria, a contracorriente de una izquierda eurocéntrica y colonialista que insiste en llamarlas revoluciones.
El chavismo se levantó como movimiento político sobre la base de un gran descontento popular contra el puntofijismo, pero a la vez sin que existiera una organización independiente desde abajo que canalizara ese descontento. Esa situación ha caracterizado a Revolución Bolivariana como una revolución desde arriba con fuerte apoyo desde abajo. Es en esas circunstancias donde el liderazgo de Chávez asume sus características.
Chávez fue siempre conciente de esa situación y buscó permanentemente construir iniciativas políticas para transformar el apoyo desde abajo en organización popular y poder desde abajo. Su muerte lo sorprendió en medio de ese proceso de construcción popular.
El balance político que deja el Comandante Hugo Chávez es claramente positivo. Su liderazgo cambió la correlación de fuerzas en América Latina y dio un fuerte impulso a la izquierda y al anticapitalismo, que hasta su asunción en 1999 estaban en una situación fragmentada y a la defensiva. El socialismo, que en su gobierno tuvo más de consigna que de proyecto político, pero al que Chávez se empeñó en dar sustancia, ha vuelto a pronunciarse en voz alta y a marcar el debate político sobre el destino de nuestra América.
Chávez ha concluido su misión. Es ahora el tiempo de los trabajadores y los pueblos, que deben concluir la tarea que abrió el Comandante y avanzar al socialismo, enfrentando tanto a la reacción interna y externa como a los amigos "moderados" y claudicantes.
lunes, 4 de junio de 2012
100° Aniversario de la fundación del Partido Obrero Socialista
Hace
cien años, un grupo de obreros pampinos encabezados por Luis Emilio
Recabarren fundó en las oficinas salitreras de Tarapacá el Partido
Obrero Socialista, POS. La creación del POS es un hito dentro del
proceso de maduración política del proletariado chileno, pues se
trata de la primera organización política clasista de que se dotó
la clase obrera.
Los fundadores del POS provenían del Partido Demócrata, PD, una agrupación política surgida a fines del siglo XIX. La motivación principal de los pampinos para abandonar el Partido Demócrata y fundar el POS, fue que llegaron al convencimiento de la necesidad de que los trabajadores tuvieran su propio instrumento político. Estaban cansados de los constantes pactos sin principios, puramente electoralistas, del PD con los partidos burgueses, donde los intereses de los trabajadores acababan subordinados a los intereses de las distintas fracciones burguesas.
Los fundadores del POS provenían del Partido Demócrata, PD, una agrupación política surgida a fines del siglo XIX. La motivación principal de los pampinos para abandonar el Partido Demócrata y fundar el POS, fue que llegaron al convencimiento de la necesidad de que los trabajadores tuvieran su propio instrumento político. Estaban cansados de los constantes pactos sin principios, puramente electoralistas, del PD con los partidos burgueses, donde los intereses de los trabajadores acababan subordinados a los intereses de las distintas fracciones burguesas.
Ya
desde su tiempo de militante demócrata, Recabarren había
establecido lazos con el movimiento socialista internacional. El POS
continuó esa tradición, involucrándose en los debates políticos
de la II Internacional, en los que se alineó con las corrientes
internacionalistas que posteriormente darían origen a la III
Internacional, la Internacional Comunista o Kommintern, fundada por
Lenin en 1919.
Al
producirse la Revolución de Octubre, el POS apoya en forma
entusiasta a la causa bolchevique. Recabarren participará en la
fundación del Partido Socialista Internacionalista de Argentina –
el que posteriormente, al adherir a la III Internacional, se pasará
a llamar Partido Comunista Argentino–, nacido de la escisión de
ala internacionalista del Partido Socialista de ese país, en Enero
de 1918 y fue miembro de su Comité Central. En dicha calidad,
Recabarren participó activamente de los debates del socialismo
revolucionario en contra de las corrientes reformistas.
Estos
debates dejarán una profunda huella en el pensamiento político de
Recabarren y del POS, en especial tras la transformación de este
partido en Partido Comunista de Chile, sección chilena de la III
Internacional. En sus escritos de los años veinte, Recabarren
adoptará importantes elementos de la visión política leninista:
entiende que la participación en los parlamentos burgueses debe ser
para ser transformados en tribuna de agitación y propaganda de los
principios revolucionarios entre los trabajadores. El propio
Recabarren dirá: “el objeto que nos lleva al Parlamento, a la
Cámara de Diputados o al Senado, es única y exclusivamente
conquistar una posición más para nuestra propaganda revolucionaria,
antiparlamentaria, anticapitalista, y de ataque directo al estado
burgués y a sus instituciones decrépitas”, agregando “el
representante comunista en la Cámara, sigue siendo
antiparlamentario, sigue combatiendo el parlamentarismo y sus ideas
en el Congreso”.
Tampoco
Recabarren se hará ilusiones con la institucionalidad burguesa. En
su “Proyecto de Constitución para la República Federal Socialista
de Chile”, Recabarren reconoce la necesidad de desalojar por la
fuerza a la burguesía del poder: “Una huelga que paralice las
industrias vitales del país y que produzca como triunfo la
intervención, el control y participación en su administración de
los obreros organizados, puede ser un paso directo para llegar a la
dirección absoluta de las industrias por la organización obrera”.
Recabarren
pone como actor principal de la lucha revolucionaria no al partido,
sino a las organizaciones autónomas del proletariado. En el mismo
proyecto de constitución federal socialista, establece que “la
Federación Obrera de Chile, que es la fuerza vital, y que tiene en
su programa esta aspiración de perfeccionamiento y libertad, habrá
de orientarse bien pronto a escoger y utilizar todos los medios de
que pueda disponer para llegar cuanto antes a la «socialización»
de esta República”.
El
PC -que hasta la caída del campo socialista europeo siempre celebró
como su fecha de fundación el 2 de enero de 1922, fecha en la que el
IV Congreso del POS aceptó formalmente su incorporación a la
Internacional Comunista- adoptó en los años 90 la decisión
política de fijar la fecha de fundación del POS como su propia
fecha de fundación oficial. Como decisión política, corresponde
más a una renovación del Mito Fundacional, severamente dañado por
la caída de la URSS, que a un acto de justicia histórica, como se
calificó entonces.
En qué medida el PC es continuador del POS es un tema discutible. Hay elementos de continuidad, pero también de profunda ruptura. Cuando se produce el proceso de estalinización del PC, eufemísticamente llamado "bolchevización", desde fines de los años 20 hasta inicios de los años 30, Luis Emilio Recabarren fue violentamente descalificado y basureado. Posteriormente el PC recupera la figura de Recabarren, pero sólo como un ícono, como un gran organizador pero descalificando hasta el día de hoy su pensamiento político. A fines de abril de este año, Juan Andrés Lagos, uno de los ideólogos del viraje derechista del PC, mantenía esa descalificación, aunque en términos bastante diplomáticos: "es impresionante lo que significa que un grupo de pensadores y personas que asumieron la construcción del procesos inicial y que fueron encabezados por Recabarren sin tener, sin tener la posibilidad de un apertrechamiento teórico, ni siquiera un conocimiento teórico con todo esto, porque no lo tuvieron, no tuvieron esa posibilidad".
Lagos no hace más que continuar la tradición del PC respecto de Recabarren. El principal historiador del PC, Hernán Ramírez Necochea, afirma en su obra clásica "Orígenes y formación del Partido Comunista de Chile" que hasta la estalinización -llamada por él, usando la nomenclatura oficial, "bolchevización"- no era un Partido Comunista propiamente tal, porque el PC no estaba apertrechado de la teoría de la revolución por etapas ni de la estructura orgánica adecuada (léase vertical y rígidamente subordinada al Kommintern, ya controlado por Stalin y desnaturalizado de su misión original). Ante ello, Recabarren quedó entonces oficialmente reducido a "gran organizador y educador", pero su pensamiento político fue abandonado.
En qué medida el PC es continuador del POS es un tema discutible. Hay elementos de continuidad, pero también de profunda ruptura. Cuando se produce el proceso de estalinización del PC, eufemísticamente llamado "bolchevización", desde fines de los años 20 hasta inicios de los años 30, Luis Emilio Recabarren fue violentamente descalificado y basureado. Posteriormente el PC recupera la figura de Recabarren, pero sólo como un ícono, como un gran organizador pero descalificando hasta el día de hoy su pensamiento político. A fines de abril de este año, Juan Andrés Lagos, uno de los ideólogos del viraje derechista del PC, mantenía esa descalificación, aunque en términos bastante diplomáticos: "es impresionante lo que significa que un grupo de pensadores y personas que asumieron la construcción del procesos inicial y que fueron encabezados por Recabarren sin tener, sin tener la posibilidad de un apertrechamiento teórico, ni siquiera un conocimiento teórico con todo esto, porque no lo tuvieron, no tuvieron esa posibilidad".
Lagos no hace más que continuar la tradición del PC respecto de Recabarren. El principal historiador del PC, Hernán Ramírez Necochea, afirma en su obra clásica "Orígenes y formación del Partido Comunista de Chile" que hasta la estalinización -llamada por él, usando la nomenclatura oficial, "bolchevización"- no era un Partido Comunista propiamente tal, porque el PC no estaba apertrechado de la teoría de la revolución por etapas ni de la estructura orgánica adecuada (léase vertical y rígidamente subordinada al Kommintern, ya controlado por Stalin y desnaturalizado de su misión original). Ante ello, Recabarren quedó entonces oficialmente reducido a "gran organizador y educador", pero su pensamiento político fue abandonado.
Al
definir a toda la etapa anterior a la “bolchevización” como una
especie de prehistoria del PC, Ramírez Necochea reconocía
implícitamente que el PC tenía muchos más elementos de ruptura que
de continuidad con la historia del Partido Obrero Socialista. Por
ello, en términos políticos y no hagiográficos, el PC, en su forma
actual, aparece recién a inicios de los años 30, en la coyuntura
política 1932-1935, coyuntura que se inicia con la “República
Socialista” y termina con la adopción de la política del Frente
Popular dictada por el VII Congreso de la Internacional Comunista, ya
convertida en títere de Stalin.
Con
el frentepopulismo, el PC rompe con los principios de independencia
de clase que estuvieron en la fundación del POS; rompe también con
todo el aprendizaje revolucionario que hizo el POS de la mano de
Recabarren, que le hizo imbuirse de lo más avanzado de la teoría
política revolucionaria, representada por los primeros años del
Kommintern.
Como
dijimos arriba, Recabarren y el POS se nutrieron fuertemente de los
debates político-teóricos tanto de la II Internacional como de la III Internacional. Recabarren
participó en el IV Congreso de la Internacional Comunista -el último
en vida de Lenin- que adoptó la primera resolución sobre "América
del Sur". Decía dicha resolución que las burguesías de
"América del Sur" eran demasiado débiles y sólo
apéndices del imperialismo, por lo que el proletariado debería
buscar sus aliados en los campesinos y otras capas sociales
explotadas; una caracterización en las antípodas de la
caracterización estalinista del carácter agrario, anti feudal y por
etapas de la revolución, en que se propugnaba construir alianzas con
la burguesía nacional. Ésta es la razón de fondo de la
descalificación de Recabarren: él representaba la maduración y la
adopción del leninismo por el proletariado chileno agrupado en el
POS.
Celebrar el 100° aniversario de la fundación del POS significa, en este momento histórico, manifestar la voluntad de reapropiarse de esos aprendizajes que hizo hace un siglo el proletariado chileno, porque se ha puesto de nuevo en el tapete la necesidad histórica de una dirección política revolucionaria de los trabajadores y de todos los explotados.
Celebrar el 100° aniversario de la fundación del POS significa, en este momento histórico, manifestar la voluntad de reapropiarse de esos aprendizajes que hizo hace un siglo el proletariado chileno, porque se ha puesto de nuevo en el tapete la necesidad histórica de una dirección política revolucionaria de los trabajadores y de todos los explotados.
Iván Vitta
lunes, 21 de mayo de 2012
La “nacionalización mentirosa” de YPF: del neoliberalismo al neodesarrollismo
El 16 de abril pasado la presidenta
peronista de Argentina, Cristina Fernández, anunció que el Estado
trasandino iba a tomar el control accionario de la petrolera YPF. La
medida no forma parte de una estrategia de recuperación de activos
públicos privatizados por el gobierno peronista de Carlos Menem, ni
de enfrentamiento con la penetración del capital extranjero en
Argentina (particularmente intenso en la minería, en el noroccidente
del país). Se trata de un ajuste de política económica destinado a
evitar que el congelamiento de las inversiones de Repsol YPF socavara
el apoyo popular a su gobierno y las bases del proyecto de
“capitalismo nacional” que impulsa el peronismo.
La ley N° 26.741, con la que
finalmente el congreso argentino aprobó para dar curso a la
“nacionalización”, que en realidad es sólo la toma de control
accionario mayoritario de la empresa, deja abierta la posibilidad de
concesionar la explotación de YPF a una compañía internacional que
esté en mejor situación financiera que Repsol, afectada seriamente
por la crisis en España y las necesidades de caja de su casa matriz.
La figura no es nueva. Bolivia, tras
nacionalizar el 100% de la propiedad de sus hidrocarburos, entregó
la explotación de éstos a grandes empresas energéticas
extranjeras, especialmente brasileñas y argentinas, las que enviaron
toda la producción a sus países para ser procesada. Como resultado
de ello, Bolivia debe importar la gasolina que consume, a un precio
más alto que el precio interno que usualmente se pagaba en el país.
En diciembre de 2010, el gobierno boliviano aplicó un alza de más
de un 70% del precio de la gasolina para corregir el déficit fiscal
que estaba provocando provocando este diferencial de precios. Llamado
por el pueblo boliviano el “gasolinazo”, hizo estallar una
gigantesca protesta contra la medida.
En su variante más ortodoxa, la figura
de concesionar la explotación de un recurso natural es también la
que utilizó el presidente chileno Sebastián Piñera en su Decreto Ley de febrero de este año para
las concesiones de explotación del litio del norte chileno.
No se trata pues, de una auténtica
“nacionalización”, tal como la entendemos los chilenos desde la
nacionalización del cobre por el gobierno de la Unidad Popular. En
las nacionalizaciones clásicas ocurridas en América Latina, el
Estado asumía la propiedad y la explotación de las empresas,
buscando de esta manera retener valor agregado en el propio país
para generar impactos positivos en la economía nacional.
En el caso de estas “nacionalizaciones
mentirosas”, los Estados buscan retener sólo la propiedad y sólo como
medio para incidir en forma más directa en las decisiones de la
explotación entregada al capital extranjero, especialmente de las
multinacionales. El carácter leonino de los contratos de explotación
sigue asegurando al capital transnacional la mejor tajada, pero
con la presencia del Estado como accionista mayoritario o único de
la propiedad.
En el caso argentino, la medida fue
acompañada de una fuerte campaña patriotera que la presentó como
si fuera una gran acción antiimperialista, campaña montada por el
aparataje de propaganda del kirchnerismo, la fracción mayoritaria
del peronismo. En Chile, hubo de parte de la mayoría de la izquierda
una adhesión acrítica y –diríamos– casi pavloviana a la
medida. Sin analizar mayormente la cuestión –y si la falta de
noticias claras al inicio fue un obstáculo, no lo eran los
antecedentes políticos del proyecto “nacional” kirchnerista–
pesó en la recepción política de la toma de control de YPF un
cierto “estatalismo” inconciente y no asumido. Algunos analistas
incluso prefirieron guiarse más por el enojo –esperable– de los
sectores neoliberales chilenos más ortodoxos que por el contenido
real de la medida llevada a cabo por el gobierno de Cristina
Fernández.
Sobre el poco disimulado y no asumido
estatalismo de la izquierda chilena, en el fondo se acepta sin
cuestionamiento el prejuicio ideológico burgués fundamental de que
el Estado es el representante de toda la sociedad. En algunos
autores, como Manuel Riesco, ese apego al Estado alcanza
características de verdadera apología, la que va acompañada
también de piruetas teóricas como la de caracterizar a la burguesía
chilena como "rentista" y hacer una apología
schumpeteriana de los "buenos capitalistas".
Lo que en Riesco es comprensible por su
filiación ideológica socialdemócrata, resulta incomprensible en
los militantes anticapitalistas, de los que uno no espera adopten ese enfoque acrítico
sobre el Estado. Pareciera haber cierta colonización ideológica desde el neoliberalismo, que es la matriz ideológica que plantea
la dicotomía mercado-Estado, ante lo cual se piensa que lo correcto es ponerse
automáticamente del lado del Estado.
Se ignoran así los innumerables
ejemplos desde el estallido de la crisis del 2008 que nos muestran
que la burguesía mundial recurre si es necesario al Estado como
instrumento para el salvataje de los negocios y las ganancias o para
acotar y ojalá socializar las pérdidas, como lo testimonian los
gigantescos y millonarios rescates a los bancos y empresas en riesgo.
No olvidemos que la propia dictadura pinochetista intervino los
bancos en 1982 para evitar el colapso del sistema financiero chileno durante la gran crisis de inicios de los 80.
La crisis mundial ha abierto una
coyuntura en la que la burguesía asume la necesidad de que el Estado
juegue un rol más activo que aquél al que lo relegaron en los
decenios anteriores. Lo que importa al final del día son las
ganancias y no la ortodoxia. Lo único que no se cuestionará serán las
posiciones ya conquistadas por el capital transnacional.
El neoliberalismo no es una fase del
desarrollo del capitalismo, sino un programa político, económico y
social, que constituyó la conciencia teórica de la gran ofensiva
del capitalismo transnacionalizado desde fines de los años 70. El
contenido de la fase actual del capitalismo es precisamente ese
carácter transnacional de la economía capitalista.
La crisis económica abierta el año
2008 es una crisis de la fase, de la base material del capitalismo
contemporáneo, no sólo una crisis del programa neoliberal. Es este
carácter de crisis de los propios fundamentos del sistema
capitalista el que está obligando a las distintas fracciones de la
burguesía mundial a buscar remedios. Para ello se apartarán incluso
de la ortodoxia neoliberal si es necesario. Esto tomará la forma de
relevos políticos al interior de la burguesía, ya sea como
alternancia dentro del duopolio tradicional (es lo que vemos en el
caso de Francia) o como un nuevo proyecto de inserción en el
capitalismo transnacional. Es el caso de Argentina y su proyecto de
“capitalismo nacional”, que ha sido caracterizado por los
pensadores críticos del continente como “neodesarrollismo”.
Los contornos políticos de este
neodesarrollismo quedan bien ilustrados por las “nacionalizaciones
mentirosas”: no se altera el sometimiento al capital transnacional,
pero se busca cambiar las condiciones más onerosas de subordinación
para otorgarle a la burguesía criolla – sometida y nunca opositora
de ese capital transnacional – más herramientas políticas, en
especial en materia de política social, para reconstruir el consenso
interno.
¿Puede tener algún impacto el
neodesarrollismo en Chile? Al respecto, no debemos olvidarnos de la diferencia en los tiempos
históricos en que se produjo la nueva articulación
con el capitalismo transnacionalizado, vía imposición del programa
neoliberal. En Chile, el neoliberalismo empieza a imponerse a fines
de los años 70, como parte del proyecto refundacional de la
dictadura. En Argentina, el programa neoliberal es llevado adelante
por Carlos Saúl Menem en los años 90, con el apoyo entusiasta,
entre otros, del gobernador peronista de Santa Cruz, Néstor
Kirchner, y su esposa Cristina Fernández. El corralito y el
estallido popular argentino del año 2001 ya ocurrieron en Chile 20
años antes. Ya tuvimos un cambio de proyecto político destinado a
legitimar el capitalismo con los gobiernos concertacionistas, de los
cuales el kirchnerismo es, más o menos, un equivalente funcional.
Algo similar puede decirse de los gobiernos del PT en Brasil y del
Frente Amplio en Uruguay.
No hay que olvidar tampoco las diferencias en los niveles de
profundidad de las reformas neoliberales, que en Chile fue quizá el
mayor de todo el planeta. No es el caso de Argentina, donde pese a
las privatizaciones el Estado, federal, siempre conservó un peso mucho mayor.
Sólo como ejemplo, las grandes universidades públicas nunca dejaron
de ser gratuitas.
Un proyecto político alternativo en
Chile no puede venir de la vertiente neodesarrollista, ni de un
fantasmal y ambiguo “gobierno de nuevo tipo”, sencillamente
porque las fuerzas políticas y sociales que están detrás de la
Concertación 2.0 no tienen como conjunto la voluntad de enfrentarse
al capital trasnacional; tampoco existen los espacios estructurales
para ajustes neodesarrollistas.
La verdadera alternativa sólo puede
provenir de un bloque político y social que reúna a los
trabajadores y al conjunto del pueblo para avanzar con la voluntad
política de enfrentarse al gran capital transnacional y a sus socios
locales. Sólo tal bloque puede tener la disposición política para
renacionalizar las riquezas naturales en una nacionalización de
verdad, no una farsa como la de Cristina Fernández; tener la
voluntad de desmantelar la mercantilización absoluta de la vida de
los chilenos, proponiéndose entregar salud, educación y otros
servicios esenciales de forma gratuita, financiados en forma
solidaria por el conjunto del país; impulsar el restablecimiento del
derecho a huelga para todos los trabajadores, sin importar el tipo de
relaciones juridicas que tengan con el capital; generar una nueva
institucionalidad por la vía de una Asamblea Constituyente impuesta
por la fuerza de la lucha popular.
I. Vitta
sábado, 19 de mayo de 2012
A Comunero Mapuche José Huenuche, se le suspende beneficio otorgado por negarse a prueba de ADN
(tomado de www.werken.cl)
"El Tribunal Oral en lo Penal de Cañete había acogido beneficio de salida dominical al Preso Político Mapuche José Huenuche Reiman,
recluído actualmente en la Cárcel de Lebu, después de considerar los
antecedentes de conducta intachable y de examenes sicológicos
realizados.
La noticia había causado gran satisfacción en la familia del comunero
mapuche, las organizaciones de apoyo a los Presos Políticos Mapuche y
recibió la visita de varios representantes, incluyendo al obispo de
Concepción Fernando Chomalí.
El Periódico Informativo Mapuche Werken, tomó contacto con Millaray Garrido Paillalef,
compañera del PPM José Huenuche, quien señaló que , si bien este
beneficio fue acogido la semana pasada por el tribunal de Cañete, en el
día de ayer le fue suspendido debido a que el comunero Huenuche se negó a
que se le efectuara el examen de ADN que se le requería tomar.
Millaray Garrido manifestó su extrañeza ante esta decisión y señala que, aparte de ser la toma de ADN una medida que atenta contra los principios culturales básicos de un mapuche, a otros presos, como Lorenzo Curipán, se le han otorgado los beneficios sin exigirles dicho examen.
La compañera de José Huenuche hace un llamado a todas las organizaciones mapuche,
pro mapuche, de DDHH y político sociales de Chile y el mundo, a
expresar su repudio ante esta medida y exigir el cumplimiento de lo
emanado del tribunal de Cañete en lo referente al beneficio de salida
dominical del Preso Político Mapuche.
Para ello, Millaray Garrido solicita que todas las organizaciones
envíen cartas a Eleuterio Cofré, Director Regional de Gendarmería y al
Juzgado Oral de Cañete.
“La solidaridad expresada por muchos en las redes
sociales es importante, pero en este momento requerimos que se haga
efectivo en una carta al director de Gendarmería”, finaliza señalando la compañera del comunero encarcelado y condenado en el Juicio Cañete."
No hay caso. El Estado chileno sigue persiguiendo a nuestros hermanos mapuche.
Ver la noticia original en http://www.werken.cl/?p=214
La larga crisis capitalista
La
larga crisis iniciada el año 2008 no da tregua. La
coyuntura actual está mostrando que los breves períodos de
crecimiento no alcanzan a darle dinamismo a la economía capitalista
mundial y se ven amagados por la situación debilitada o en franca
bancarrota de muchas economías, en especial en Europa. Grecia
probablemente entre en default en los próximos meses, mientras su
inestabilidad política derrumba las bolsas por todo el orbe. España
entró en recesión y está a las puertas de requerir un gigantesco
rescate, que la economía europea difícilmente puede financiar (la
economía española equivale a cinco veces la economía griega).
La crisis ha tenido un enorme impacto para los/las trabajadores/as europeos, especialmente españoles y griegos, con un impacto mayor entre los más jóvenes. Altas tasas de cesantía, mayor precarización del trabajo y crecente desprotección social se han vuelto enfermedades endémicas en la vieja Europa. Causadas por la recesión económica, estas plagas
sociales se ven agravadas por los programas de ajuste impulsados por los centros de comando del capitalismo mundial y europeo: la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el FMI, la infame "troika", dicta las políticas económicas de los países por sobre las decisiones soberanas de sus representantes electos. Las fuerzas políticas conservadoras y social-liberales son las correas de transmisión de la troika hacia cada nación, actuando como administradores coloniales del capital internacional ante sus naciones.
Mirada
en un más largo plazo, esta crisis marca un punto de inflexión en
la etapa de expansión del capitalismo global que se ha dado en
llamar “neoliberalismo”, que se inició a fines de los años 70 y
tuvo como sus artífices a Ronald Reagan, Margaret Tatcher, Deng Xiaoping y Augusto Pinochet.
El
capitalismo neoliberal tuvo éxito inicial en recuperar la tasa de
ganancia por la vía de aumentar la explotación de los trabajadores
de todo el mundo y capturar la renta de los recursos naturales de los
países dependientes. Esas enormes masas de ganancias buscando
rentabilizarse fueron la base de la expansión del capital financiero
en las últimas tres décadas. En paralelo, la contracción de la
demanda de los trabajadores abrió el espacio para el financiamiento
del consumo por la vía del endeudamiento barato (por la abundancia
de capital financiero).
Esta
situación generó la tendencia a la aparición de sucesivas y cada
vez mayores crisis financieras; el “Efecto Tequila” en 1994 y la
crisis asiática de 1997 fueron dos de los episodios precursores del
estallido del 2008, calificado como la mayor crisis capitalista desde
la Gran Depresión de 1929.
En
paralelo, se han agotado las principales fuentes del crecimiento
económico mundial desde los años 80. En particular, la economía
china –cuyo crecimiento se explica por la transformación de
centenares de millones de campesinos en trabajadores asalariados y las reformas capitalistas iniciadas luego del triunfo del ala derechista del PCC encabezada por Deng Xiaoping–
está empezando a dar señales de que dejará de desempeñar el papel
de dínamo anticrisis que usualmente cumplió en las últimas
décadas; esto abre incertidumbre sobre el precio en el largo plazo
de las materias primas, que lleva más de una década en una
tendencia alcista.
Este
agotamiento se expresará en las próximas décadas en recurrentes
crisis períodicas y crecimiento lento, con un agravamiento paralelo
de la situación de cientos de millones de trabajadores en todo el
mundo.
No
se trata, por lo tanto, de una “crisis financiera”, sino de una
crisis que afecta al capitalismo como totalidad, partiendo por la
esfera productiva. Es el patrón de producción y acumulación del
capitalismo mundial el que está en crisis, lo que abre una época de
grandes luchas y convulsiones sociales de escala global, que sólo
tiene dos salidas: o el socialismo o la renovación de las bases de
la barbarie capitalista.
No hay que confundirse. Esta crisis forma el sustrato económico-social de la evolución política de las próximas décadas. No asegura por sí misma que siquiera llegue a plantearse de forma abierta el conflicto capital-trabajo. Pero es un llamado de alerta para preparar a las fuerzas políticas y sociales revolucionarias para las grandes luchas que están por venir.
I. Vitta
No hay que confundirse. Esta crisis forma el sustrato económico-social de la evolución política de las próximas décadas. No asegura por sí misma que siquiera llegue a plantearse de forma abierta el conflicto capital-trabajo. Pero es un llamado de alerta para preparar a las fuerzas políticas y sociales revolucionarias para las grandes luchas que están por venir.
I. Vitta
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